La historia de vida de la colmena es un ciclo anual que se sincroniza con los recursos forrajeros y florísticos de las abejas. Durante la temporada de lluvias, las colmenas se reducen y para contrarrestar eso, los apicultores pueden complementar la alimentación de las abejas con azúcar. Con los cambios de estación, la suplementación con azúcar estimula el crecimiento de la colmena simultáneamente con el aumento de disponibilidad de la floración en las plantas. Por consiguiente, la cantidad de abejas aumenta a medida que las abejas recogen polen y néctar y aquellas colmenas fuertes pueden guardar más de lo que necesitan generando superávit. Es en este momento en que los apicultores podrán recoger el polen.

El período de mayor disponibilidad de néctar – el flujo de néctar – es cuando las poblaciones de las colmenas deben poseer su mayor fortaleza. Las obreras de más edad dejan la colmena para recoger el abundante néctar de las plantas. Las abejas maduran, procesan y almacenan el néctar como miel para su propio uso; y cuando las condiciones climáticas son favorables, las mejores colmenas almacenarán más miel de lo que necesitan. En este momento, el apicultor debe tratar de promover el almacenamiento de reservas adicionales de miel mediante la adición de marcos vacíos para recoger los excedentes que posteriormente podrán ser cosechados.

Al final de la temporada, cuando las abejas disminuyen de tamaño, los apicultores deben remover los marcos sobrantes de las colmenas.